por Gisela Boada, coordinadora del SocialNeuroGym

Según Ulric Neisser, psicólogo americano y uno de los fundadores de la Psicología Cognitiva, la percepción es un proceso activo-constructivo, siendo ésta el lugar de encuentro de la cognición y la realidad. En la Psicología moderna es un flujo constante que permite la interacción con el entorno. 

Podríamos definir entonces la percepción como el proceso mediante el cual el sistema nervioso capta, organiza y procesa los cambios en el entorno y en el propio organismo, preparándonos para actuar en consecuencia.Es decir, es la interpretación que hacemos del estímulo que nos llega. Y en este caso, el término “interpretación” es muy importante, ya que, a través de la percepción construimos nuestra realidad, lo que reconocemos e interpretamos como real aunque no sea la realidad auténtica. 

Llegados a este punto me gustaría diferenciar entre sensación y percepción. La sensación es el estímulo que llega a nuestros órganos sensoriales (vista, olfato, gusto, oído y tacto) en bruto, sin elaborar, precede a la percepción y llega al sistema nervioso. De la percepción se encarga el cerebro, comparando la sensación con experiencias anteriores, categorizándola y otorgándole un significado. 

Sigamos hablando de la realidad. Si hemos establecido que la percepción es un proceso activo gracias al cual construimos la realidad que nos rodea, es lógico pensar que en ese proceso de construcción se pueden producir errores. A estos errores les llamamos sesgos perceptivos y son conclusiones erróneas a las que llegamos a partir de lo que observamos o recordamos. Se producen muchísimos sesgos por lo que sólo citaré algunos:

  • Sesgo de confirmación. Es la tendencia de las personas a dar mayor importancia a las informaciones que confirman las propias creencias y a subestimar las que las contradicen. Un ejemplo sería el del inversor que presta atención a todas aquellas informaciones que confirman su intención de inversión y pasa por alto todas aquellas que se la desaconsejan.

 

  • Sesgo de autojustificación. Siempre encontramos motivos para justificar una acción o decisión por muy cuestionable que esta sea. Si superas con creces el presupuesto que tenías pensado para las vacaciones sólo te quedan dos opciones, justificarte y decirte que es lo que necesitabas, que este año ha sido tan duro que te lo mereces, la sorpresa que le darás a tu pareja bien lo vale o reconocer que te has excedido y generalmente somos reacios a reconocer errores.

 

  • Sesgo retrospectivo. Es la tendencia a ver sucesos ya pasados como predecibles, o dicho de otro modo el “ya te lo dije”. Un cliente en el que has invertido mucho tiempo y esfuerzo deja de trabajar contigo pero tú ya te lo veías venir.

 

  • Ilusión de control. Es la percepción de poder controlar o influenciar en eventos impredecibles. Creer que saldrá un número concreto en los dados por tirar de determinada manera o creer que con nuestras decisiones controlamos la rentabilidad que obtendremos en inversiones.

 

  • Profecía autocumplida. Cuando tenemos una creencia firme respecto a alguien acaba cumpliéndose, para ello adaptamos nuestra conducta a nuestras creencias. Este sesgo se ha estudiado mucho en el ámbito laboral y académico. Los trabajadores que mayor desempeño laboral logran en sus puestos de trabajo son aquellos que sus superiores han “profetizado” que lo harán mejor. La creencia de que lo harán mejor hace que se les dediquen más recursos, más apoyos y más tiempo que al resto, por lo que al final acaban materializándose mejores resultados en comparación con el resto de los trabajadores.

Este sesgo también se llama efecto Pigmalión. Pigmalión, rey de Chipre, no encontraba una mujer que se ajustara a su ideal de belleza. Cansado de buscar decidió volcar toda su pasión en el arte de la escultura y así fue como creo la escultura de una mujer de una belleza inigualable, Galatea.

Pigmalión se enamoró perdidamente de su creación llegándola a tratar como si fuera una mujer viva. Finalmente la diosa Venus se apiada del amor del rey y acaba otorgándole el don de la vida a Galatea convirtiéndola en una mujer real. Así es como lo que el rey pensaba acaba convirtiéndose en realidad.

  • Sesgo de anclaje. Es la tendencia a confiar en exceso en una referencia pasada o elemento informativo a la hora de tomar una decisión. Este sesgo es muy utilizado en marketing, por ejemplo, un vendedor espabilado mostrará al cliente un producto sobrevalorado para que luego, todos los productos que muestre, sean percibidos como más baratos en comparación y ayude al cliente a decantarse en la toma de decisión.

 

  • Efecto de la primera impresión o efecto halo. Consiste en quedarnos con los aspectos que nos llaman la atención en una persona la primera vez que la vemos. A partir de entonces establecemos las características personales en base a lo que nos llamó la atención la primera vez. Si nos presentan una persona que nos resulta atractiva automáticamente le otorgamos cualidades positivas.

 

  • Sesgo de atribución. Nosotros ocupamos el puesto que nos merecemos (o no) fruto de nuestro esfuerzo y dedicación a la empresa. ¿Y Pepe? Pepe no. Pepe es el yerno del director.

Seguramente mientras leías pensabas cosas como “esto no me pasa a mí” o “esto es lo que le pasa a Pepe”…pues que sepas que estos pensamientos también se deben a un sesgo, el del punto ciego. Este sesgo es la tendencia a percibir los sesgos cognitivos más en otras personas que en uno mismo. Como la paja en ojo ajeno.

Estos son sólo algunos de los sesgos cognitivos que influyen en nuestra percepción y en la toma de decisiones. Como cualquier habilidad cognitiva, la percepción, es susceptible de ser entrenada. La audición, la visión, el olfato, el gusto y el tacto cuentan con sistemas de percepción específicos. En el ser humano la visión es preponderante, seguida de cerca por la audición, siendo capaz de eclipsar al resto de los sentidos. En el gimnasio cerebral trabajaremos sobretodo la percepción visual y auditiva con ejercicios específicamente diseñados para este propósito.

Si te ha quedado cualquier duda o quieres más información, no dudes en contactar conmigo a través de la página web www.juanantonionarvaez.com. Y recuerda, para la mente nunca es suficiente, a seguir entrenando.

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